Concepto de Desarrollo Sustentable

El Desarrollo Sustentable es un concepto adoptado por diversos países del mundo a fin de fortalecer políticas competitivas que mejoren la calidad de vida. Su definición ha sido agotada y sobre-utilizada para referirse a temas ecológicos y ambientales, aplicada en los últimos años a proyectos que se sostienen a si mismos en sus actividades intraurbanas, pero en su aplicación solo alcanzan a cumplir un perfil de áreas verdes e industrias de bajas emisiones contaminantes. En México no se encuentra suficiente información de qué es sustentable para los mexicanos llevando a cuestionar si ¿el desarrollo Sustentable es una política de moda para el Desarrollo Urbano?
En el mundo comienza a tomar interés el tema después de un estudio desarrollado por el Club de Roma, llamado“Los Limites del Crecimiento” (IMT. 1972) donde se elaboran proyecciones de población al 2100, que arrojaron resultados preocupantes por la sobreexplotación de recursos y graves problemas ambientales debido a la acumulación del capital en su búsqueda del constante crecimiento económico ocasionando serios desabastos de recursos y un grave deterioro en la calidad de vida a nivel mundial; se llevó a la discusión en la Conferencia sobre Medio Humano de Naciones Unidas (Estocolmo, 1972) y posteriormente se plantea una agenda global para el cambio en la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo de Naciones Unidas (1983) con la preocupación de proteger el medio ambiente de las actividades humanas. Pero el concepto de “Desarrollo Sustentable” fue mencionado en una publicación llamada “Nuestro Futuro Común” por la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo de Naciones Unidas (1987), también conocida como Comisión Brundtland. En esta publicación lo define como “aquel que puede lograr satisfacer las necesidades y las aspiraciones del presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades y aspiraciones“, haciendo una referencia hacia la integración, función e interrelación entre medio ambiente y desarrollo. El informe establece que las autoridades locales usualmente tienen el poder político y la credibilidad para tomar iniciativas que aseguren y provean investigaciones en la innovación de vías que reflejen sus condiciones locales, dándoles la capacidad de manejar, controlar, experimentar y liderar el Desarrollo Urbano (Informe Brundtland 1987). Esto originó a que el tema Sustentable se adopte como una política en los países integrantes de Naciones Unidas.
Existen abundantes investigaciones y publicaciones (principalmente durante las últimas dos décadas) que coinciden en tres aspectos fundamentales que caracterizan al desarrollo sustentable, en dimensiones sociales, ambientales y económicas. El término Sustentable puede ser un una palabra abstracta que resume un conjunto de características, pero es más bien una cuestión práctica. Los primeros acercamientos a la práctica datan de las ciudades medievales como comunidades autosustentables, pero al paso del tiempo, la literatura y los estudios urbanos regresan a retomar el tema mediante nuevos planteamientos e ideales sobre cómo deberían ser las comunidades de nuestro tiempo pensando en las futuras generaciones, para garantizar en el presente las mismas oportunidades de desarrollo respetando al medio ambiente, por lo que este término sustentable no tiene que ver con el concepto literal de sustentar algo, pues le daría un carácter de anti-crecimiento (Portney. 2003). En países europeos y en experiencias estadounidenses mantienen el término sustentable para referirse a núcleos de comunidades, y partiendo de esos núcleos entendiéndolos dentro de una red, pasan al tema de ciudades sustentables; y de acuerdo a la última afirmación del informe Brundtland, las ciudades en sí mismas desarrollaron su propio concepto sustentable en el orden de lo que para ellas es importante.
Para ejemplificarlo existen definiciones relevantes en ciudades estadounidenses; para Seattle, sustentabilidad se define como un largo término cultural, económico, ambiental, salud y vitalidad; en Santa Mónica las comunidades buscan crear las bases para un camino sustentable como un modo de vida local y global salvaguardando sus propios recursos para prevenir el entorno ambiental y la salud humana; en Cambridge, Massachussets, sustentabilidad significa la búsqueda de la habilidad de la comunidad para utilizar sus recursos humanos y tecnológicos para asegurar que todos los miembros del presente y futuras generaciones obtengan mayor calidad de vida mientras tengan íntegro el sistema ecológico del cual toda la vida y producción depende. (Zachary. 2005)[1]. En nuestro país ha sido prematuro integrarnos a la línea del concepto global que se desarrolla en otros países, pero se logrará tomando la iniciativa de elaborar definiciones del término sustentable acorde a sus necesidades locales específicas y apegadas a la realidad de sus propias comunidades, como establece el Informe Brundtland de 1987; porque no existe una inclusión gubernamental en la cual el Estado adopte el desarrollo sustentable como una política de planeación seria, que previamente la defina y se inscriba en todos nuestros ordenamientos para la planeación de ciudades, cuando difícilmente existe planes urbanos actualizados.
El Desarrollo Urbano causa afectaciones ambientales por muy sustentable que sea. Algunos autores como Rod Burguess, Marisa Carmona y Theo Kolstee (1997) han criticado la aplicación de la sustentabilidad como estrategia y política de Desarrollo Urbano en países en vías de desarrollo, principalmente porque lo han reconocido recientemente contra el acelerado crecimiento de la urbanización en ciudades que ya tienen graves problemas ambientales; en otras palabras la aplicación de políticas de sustentabilidad no planean nuevas ciudades sino que se aplican para resolver los problemas de las ya existentes como prioridad. De acuerdo con esta teoría existe una específica racionalidad ambiental que debe ser considerada en la elección y construcción de un sistema político urbano-regional y nacional; y se garantice un ambiente racional que demanda la reinserción de las bases territoriales para planear, basadas en una detallada y estrecha integración del aspecto socio económico y parámetros ambientales en varias escalas espaciales.[2] Estos autores señalan que una premisa hacia la sustentabilidad se logra con instrumentos como la descentralización y critican la privatización con objetivos sociales como causantes del deterioro de la legitimidad política y social necesaria para la planeación sustentable. Otros autores como John F.C. Turner (1997) señalan un cambio de paradigma, definiendo al desarrollo sustentable como una retórica requerida a nivel político que sirve para disfrazar políticas de crecimiento insostenible en países en vías de desarrollo. Algunas lecturas añaden tópicos a favor y en contra del concepto de sustentabilidad, dependiendo su escala, principalmente por ser distinto el análisis de la sustentabilidad en una zona metropolitana que el análisis de una pequeña comunidad sustentable.
La sustentabilidad trasciende en la discusión hacia la generación de políticas de Estado en los países integrantes de Naciones Unidas. En la actualidad se convierte en una estrategia global a través de diversos foros y conferencias mundiales como la Declaración de Hanover de los líderes municipales en el umbral del siglo XXI (Tercera Conferencia de Ciudades Europeas Sostenibles. 2000) incluyendo la protección del medio ambiente y combate a la pobreza como prioridad en sus respectivas agendas internacionales (Cumbre de Johannesburgo 2002), posteriormente con la Declaración de Kuala Lumpur (2004) donde señalan la falta de compromiso de los países industrializados con las naciones más pobres, hasta la elaboración del Protocolo de Kyoto (2005) para la reducción de emisiones de gases contaminantes, con sus respectivas críticas a China y Estados Unidos por su falta de compromiso como principales países contaminantes (Cumbre de Bali 2007).
El concepto de sustentabilidad se entiende en la práctica, principalmente en las ciudades de primer mundo. Una ciudad sustentable es aquella capaz de maximizar sus competencias en una economía global; una sólida cohesión social; una medio ambiente con calidad sustentable, diversidad y personalización del lugar; conciliación de socios y líderes; flexibilidad en la toma de decisiones; creando mejores vínculos entre ciudad y región; consolidando comunidades; y manejar el crecimiento urbano de mejor forma en las áreas del centro y las periferias urbanas.[3]
Nuestra debilidad esgrima en la falta de dicho concepto en nuestra legislación más que su simple mención en el Plan Nacional de Desarrollo (2007-2012), que fortalezca el término sustentable para su aplicación instrumental en la normatividad de primer orden. El Estado no ha generado una definición que represente nuestra realidad conforme a nuestras características como nación, encontrándose el término Sustentable en el artículo 73 Ley de Vivienda en su anexo técnico, también mencionado en la Ley de Asentamientos Humanos, al definir que el ordenamiento territorial de los asentamientos humanos[4] tenderá a mejorar la calidad de vida de la población rural y urbana mediante el desarrollo socioeconómico sustentable[5] como también su distribución[6] en coordinación con el Ejecutivo Federal.[7] La única aproximación a su definición dentro del primer orden instrumental se encuentra en el Artículo 13 Fracción V, que sostiene que el Programa Nacional de Desarrollo Urbano, sujetado a las previsiones del Plan Nacional de Desarrollo contendrá: Las orientaciones para el desarrollo sustentable de las regiones del país, en función de sus recursos naturales, de sus actividades productivas y del equilibrio entre los asentamientos humanos y sus condiciones ambientales.[8] Es hasta los últimos gobiernos cuando se comienza a hablar de desarrollo sustentable como un requisito de planeación, pero no como un concepto que englobe nuestra situación en términos globales.
En el país ya existía la preocupación por regular y planear el tema ambiental aunque no como estrategias sustentables, siendo que la primera legislación sobre medio ambiente se diera en la primera mitrad el siglo XX con la Ley de Conservación de Suelo y Agua, y posteriormente en los setentas con la Ley para Prevenir y Controlar la Contaminación Ambiental, sin embargo se logra una primera experiencia institucional a partir de 1982 cuando se crea la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología (SEDUE). Mientras que en 1997 se promulgó el Protocolo de Kyoto para su futura aprobación en 2005 (Convención de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático), nuestra legislación apenas avanzaba en la promulgación de la Ley general de equilibrio ecológico y la protección al ambiente publicada en 1988 y fue hasta 1992 cuando diversos sectores incluyendo el ambiental se integran a la SEDESOL y se forma el Instituto Nacional de Ecología y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente. En 1994 se crea la Secretaría del Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca, pero fue hasta el 2000 cuando Pesca pasa a formar parte de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA); quedando dicha institución como la Secretaría del Medio Ambiente (SEMARNAT) hasta la fecha.[9] La experiencia mexicana en materia de Medio Ambiente no es reciente, encontrándose escasos ejemplos sobre su aplicación y experiencias en el establecimiento de políticas de desarrollo sustentable, aunque ha cobrado interés en la última década, destacando esfuerzos como: el Programa Integral para el Desarrollo Sustentable del poniente de la Zona Metropolitana del Valle de México (PIDSP-ZMVM), el Código de Desarrollo Urbano Sustentable en y Tamaulipas (2008) y el Distrito Federal (En Proyecto, 2010); y la Ley de Desarrollo Urbano Sustentable en Puebla (2003). Una aplicación relevante la realiza la Comisión Nacional de Vivienda (CONAVI) mediante el Programa Específico de Desarrollo Habitacional Sustentable ante el Cambio Climático (2008), derivado del Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) del Protocolo de Kyoto, que establece Certificados de Reducción de Emisiones de CO2 en la producción de vivienda de interés social.[10]
Por otro lado los efectos más importantes que tuvieron las políticas sustentables internacionales en nuestro país se han manifestado en temas económicos. Desde 1987 cuando se crea el Departamento de Medio ambiente del Banco Mundial, y después de la participación de éste en la Conferencia de Naciones Unidas en 1992 en Río de Janeiro, elaboró el primer Informe sobre el desarrollo mundial 1992: desarrollo y medio ambiente. [11] El Banco Mundial inicia actividades ambientales dirigidas a los países miembros incluyendo a México; dirigiendo políticas de creación de organismos e instituciones para implementar programas destinados a apoyar el desarrollo ambientalmente sostenible y otorgó diversos préstamos para mitigar la pobreza y contribuir a la protección del medio ambiente. Los primeros beneficiarios de esta política multinacional fueron: China, India, Costa Rica, Bulgaria, Mozambique, Polonia y México.[12] El problema de la erogación de préstamos para estos proyectos derivó en carecer de una evaluación póstuma que le diera seguimiento y vigilancia para la concreción de sus objetivos.
En el plano internacional, la aplicación de políticas de fomento al desarrollo sustentable ha derivado en la erogación de recursos a los países en vías de desarrollo, donde se subordina el tema ambiental al económico. A partir de la información publicada por el Banco Mundial, actualmente existen 39 proyectos activos en México desde 1999 que suman una inversión alrededor de 163.6 Millones de Dólares, entre los cuales sólo son 2 proyectos referentes al tema urbano para el subsistema de Transporte Urbano: Capacitación técnica a la Asociación Público–Privada (PPP, por sus siglas en inglés: Public-Private Partnership) para el transporte en Jalisco (2008) y el Financiamiento al proyecto del Metrobus en Insurgentes DF (2005-2015), los cuales suman 2.6 USD, que representan sólo el 2% invertido en materia urbana respecto al total invertido en otros temas, principalmente económicos.[13] Este 2% demuestra la trascendencia económica que tiene la sustentabilidad en los préstamos del Banco Mundial, dado que no existe una importante inversión en materia urbana que relacione su preocupación por el medio ambiente.
La subordinación de lo sustentable ante prioridades económicas también se presenta en la administración pública mexicana. El presupuesto de egresos para las Secretarías del ramo ambiental en México experimentó importantes cambios desde 1996, ocupando SEMARNAP un 0.88% del total del presupuesto federal destinado a secretarías de Estado, disminuido a 0.32% para el año 2002 cuando pasa a ser SEMARNAT.[14] Sin embargo ha tenido un crecimiento importante desde 4.54% en 2004 hasta un 5.88% para el 2010. Lo interesante es evaluar si este incremento presupuestal en los últimos 6 años para el ramo administrativo en torno a lo ambiental se ha reflejado en incrementos a las inversiones relacionadas al medio ambiente. No ha sido extraño que en las últimas décadas se aborde el tema ambiental haciendo referencia a la reforestación, la construcción de obras hidráulicas, a recortes al suministro de agua en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) por mantenimiento del Sistema Cutzamala, y toda serie de acciones que no toman con seriedad el desarrollo sustentable. Será necesario en una futura línea de investigación que se diagnostique y evalúe el comportamiento de estas instancias competentes al desarrollo sustentable conforme a sus resultados, pues la sustentabilidad es una cuestión práctica que no se resuelve mediante incrementos presupuestales.
El interés ambiental tampoco resuelve la sustentabilidad, pero es condicionante para la elaboración de una política integral de desarrollo sustentable que lo integre junto a los temas socioeconómicos dentro del primer orden instrumental, representado por la Constitución. Durante 2004 se logró una importante inversión presupuestal para la SEMARNAT que coincide con la realización del 2º Foro Nacional de Suelo para Vivienda (2004) cuando el concepto de Macrodesarrollos se encaminaba hacia la búsqueda de un ordenamiento integrador de proyectos de vivienda sustentable, originando a los DUIS durante el Primer Foro Internacional de Vivienda Económica Sustentable en septiembre de 2009. Surge la pregunta ¿porqué no abordamos con seriedad la sustentabilidad en nuestra Planeación Urbana?.
En las ciudades estadounidenses, sin tratar de comparar nuestra realidad, es común identificar la integración del tema sustentable en sus instrumentos de planeación. En el caso de Chattanooga (1995) existe un Plan Sustentable que regula temas como la limpieza del agua, conservación forestal, inserción de eco-parques industriales, bajos consumo de energía, transporte de bajas emisiones contaminantes, reciclamiento y reutilización de materiales, etc.; con proyecciones a largo plazo. Portney (2003) ejemplifica los planes sustentables de las ciudades de San Francisco (1996) y Seattle (1995), las cuales elaboran una cédula de indicadores por características de la ciudad en las cuales autoevalúan su desempeño anual para realizar acciones públicas que mejoren sus comportamientos[15]. En su análisis podemos distinguir los siguientes indicadores para las ciudades sustentables norteamericanas:[16] ·
  • Indicadores de Medio ambiente, Salud y Huella Ecológica.[17] Establece variables anuales de la población como el consumo de energía por habitante, gasolina utilizada anualmente, volumen de agua potable por habitante, porcentaje de comida consumida de origen local, cantidad de desechos sólidos por habitante, total de desechos sólidos generados, porcentaje de desechos reciclados, precio de la energía por habitante, calidad física del medio ambiente (Aire, agua y suelo), emisiones contaminantes por temas urbanos como el transporte y usos del suelo.
  • Indicadores de consumo de energía. Se refiere a las variables de todos los recursos energéticos consumidos por habitante, a nivel distrito y global como son Kilowats por hora, porcentaje de energía derivada de la producción por energía solar, y monto anual de gasolina por habitante. ·
  • Indicadores de desempeño de la economía local. Variables como tasa de empleo y desempleo local, porcentaje de familias de bajos ingresos, ingreso per cápita, total de recursos en impuestos municipales, monto y calidad de producción anual, comportamiento de la distribución de puestos de trabajo. ·
  • Indicadores de Gobierno Sustentable. Se refiere a elementos que miden la salud de la sociedad civil y su participación en la comunidad. Portney ejemplifica el caso del estado de Texas con el Central Texas Indicators Project (2000) que incluye una variable de participación de votos en elecciones locales y los apoyos de la comunidad hacia organizaciones sin fines de lucro, o como el caso de Florida en Indicators of government/politics: la población evalúa al gobierno mediante encuestas locales, midiendo su tendencia en porcentajes de votos registrados y variables como el porcentaje de personas suscritas a algún periódico o publicación. ·
  • Indicadores de Equidad. Las ciudades estadounidenses hacen énfasis a variables como nivel de ingresos por familias de bajos recursos, porcentaje de personas que creen que el racismo en un problema de la ciudad (Jacksonville, Florida), y número de quejas por discriminación en el empleo.[18]
La utilización de estos indicadores generan acciones públicas para las ciudades sustentables, para lo que los gobiernos se obligan a monitorear su competitividad, fortaleciendo el control del espacio y la autonomía del desarrollo, entendido más como una comunidad que como una estructura urbana; siendo altamente recomendable que se aplicaran estos indicadores en la planeación de ciudades mexicanas, buscando la previsión de externalidades producto de la urbanización. Su aplicación en la administración pública local podrá mejorar las políticas sustentables a fin de elevar la calidad de vida de sus habitantes.
El hallazgo importante del concepto de sustentabilidad es conocer el grado de aplicación al que están dispuestos los Estados para afrontar sus fenómenos ambientales, que consiste en el respeto al medio donde habitan sus comunidades urbanas, destacando la relevancia de está última, que sirven para referir a los nuevos desarrollos urbanos como nuevas comunidades y no simples conjuntos habitacionales. En este marco podemos afirmar que el Desarrollo Urbano Sustentable necesita de una política integral de gobierno que en un contexto macroeconómico requiere de estrategias sustentables para los asentamientos presentes y futuros mediante espacios donde la comunidad participe en su propio desarrollo, ofreciendo oportunidades a las siguientes generaciones para desarrollarse y contar con una mayor calidad de vida.

Manuel Elihú Díaz Bautista

Arquitecto, Maestro en Urbanismo.

@manuelelihudiaz @arqyurboficial

Referencias:

[1] Portney, Kent E. Taking sustainable cities seriously: economic development, the environment, and quality of life in American cities. Massachusetts Institute of Technology. 2003. p. 9.
[2] Burguess, Rod, Carmona Marisa y Kolstee, Theo. The Challenge of Sustainable Cities. Neoliberalism and Urban Strategies in Developing Countries. ZED Books, Urban Development/Develompent Studies. UK. 1997. p. 81.
[3] Organisation for Economic Co-Operation and Development (OECD). Strategic Planning for Camberra’s Sustainable Urban Development. Urban Reinaissance. Canberra: A Sustainable Future. 2002. p. 109.
[4] Ley de Asentamientos Humanos. Artículo 2. (…) Fracción XIV. Ordenamiento territorial de los asentamientos humanos: el proceso de distribución equilibrada y sustentable de la población y de las actividades económicas en el territorio nacional; (…)
[5] Ibídem. Artículo 3. (…) Fracción II. El desarrollo socioeconómico sustentable del país, armonizando la interrelación de las ciudades y el campo y distribuyendo equitativamente los beneficios y cargas del proceso de urbanización; (…)
[6] Ibídem. Artículo 7. Fracción III.
[7] Ibídem. Artículo 7 Fracción II.
[8] Ibídem. Artículo 13.
[9] Escobar Delgadillo, Jessica Lorena. El Desarrollo Sustentable en México (1980-2007). Revista Digital Universitaria. 10 de marzo 2007, Volumen 9 Número 3, ISSN: 1067-6079. www.revista.unam.mx/vol.9/num3/art14/art14.pdf (Consultado el día: 9 de Marzo de 2010).
[10] CIDOC y Sociedad Hipotecaria Federal. Estado Actual de la vivienda 2009. México. CIDOC, SEDESOL, CONAVI, INFONAVIT y SHF. 2009. p. 96.
[11] World Bank, Operations Evaluation Department. Promoting environmental sustainability in development. The International Bank for Reconstruction and Development/ the World Bank, 2002. pp. XI-XVII.
[12] Los préstamos llegaron hacia proyectos como la rehabilitación de la meseta Loess en China, proyecto de rehabilitación de tierras con alto contenido de Sodio en Ultar Pradesh en India, proyectos sobre contaminación industrial en Bulgaria, proyecto de ordenación de recursos de tierras áridas en Kenya, proyectos de calefacción en distritos en Polonia y proyectos sobre contaminación atmosférica en México. Ibídem.
[13] Fuente: Página Web. World Bank. Elaboración con datos económicos del Banco Mundial.
[14] Escobar Delgadillo (2007). El porcentaje de los presupuestos son los siguientes: para la SEDUE (1990) 0.035%, SEDESOL (1994) 0.146%, SEMARNAP (1996) 0.887%, SEMARNAP (2000) 0.378%, SEMARNAT (2001) 0.327%. Todos los porcentajes se toman respecto al presupuesto general de egresos en todas las secretarías de Estado, haciendo referencia a que el presupuesto federal creció considerablemente en esos años con respecto a años anteriores y es probable que por ello la proporción se vea disminuida. Las siguientes cifras hasta el 2010 corresponden a elaboración propia conforme a lo publicado en los respectivos Presupuestos de Egresos Anuales, consultados en el Diario Oficial de la Federación y la Cámara de Diputados.
[15] Portney, Kent E. Taking sustainable cities seriously: economic development, the environment, and quality of life in American cities. Massachusetts Institute of Technology. 2003. pp. 44-47.
[16] Ibídem. pp. 52-57.
[17] Ecological Footprints o Huella ecológica en español, es un concepto publicado por William Reese (1992) que se refiere a un parámetro entre la demanda del ser humano con respecto a la cantidad que produce su medio ambiente en términos de recursos. Por ejemplo en 2005, la huella ecológica total la humanidad fue estimada en 1.3 de Tierras-planeta, esto significa que el ser humano utiliza servicios ecológicos 1.3 veces tan rápidas como la tierra puede renovarlos. Esta cantidad se va actualizando año con año por la ONU. Para abundar más en el tema se puede consultar: Wackernagel, Mathis y Rees, William, Our Ecological Footprint. New Society Press. 1996.
[18] Para abundar más en los indicadores que resume Portney en la aplicación de planeación sustentable de ciudades norteamericanas, sobre las cédulas de San Francisco y Seattle; y específicamente el análisis de indicadores, consultar el índice de elementos de ciudades sustentables tomadas con seriedad en: Portney, Kent E. Taking sustainable cities seriously: economic development, the environment, and quality of life in American cities. MIT. 2003. p. 65.

Publicado por elihudiaz

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