La fundación de ciudades en México

WP_20160828_12_04_33_Panorama.jpg

Los primeros asentamientos precolombinos también identificaron sus sitios por convicciones geográficas, comúnmente supersticiosas, estratégicas o por prestigio personal de sus gobernantes. Sus localizaciones resaltan por conformar ciudades compactas que se asocian a dos factores: la centralidad (principalmente por las distancias a pié y los servicios con una extensión territorial limitada) y la accesibilidad (flujos directos en sus estructuras). Las ciudades más grandes como Teotihuacan (100,000 Habitantes en el siglo XI) y Tenochtitlan (300,000 Habitantes en 1500)[1] no lograron integrar asentamientos dispersos en sus respectivos periodos con los demás reinos, y podríamos abundar en datos históricos y en las características físicas del entorno, pero lo más relevante es la carencia de una visión de Estado que permitiera la integración de regiones complejas, por lo que fue propenso a la invasión. A partir de aquí comienza la fundación de ciudades importantes hasta nuestros días en el que Unikel (1978) propuso dos periodos de estudio previos a su análisis de la urbanización en el siglo XX: un periodo de urbanización colonial (1521-1810) y la urbanización del México independiente (1810-1900).

WP_20160906_11_08_31_Rich_LI.jpg

Durante la fundación de la Nueva España, la magnitud de la población indígena de la zona central de México se estima entre 4 y 25 millones de habitantes antes de la llegada de los españoles.[2] Después de la conquista, el urbanismo colonial fue empírico, y el sitio de las ciudades coloniales fue elegido con un propósito funcional, caracterizado por asentamientos a partir de su especialización económica y utilidad. La intervención militar española comienza con el control sobre las principales regiones como Veracruz, Valle de México, Tlaxcala y Puebla, que derivó en diversas expediciones de expansión del territorio de la Nueva España. La fundación de ciudades se realizó en lugares previamente poblados para darles un uso político y administrativo (como el caso de la Ciudad de México, Guadalajara y Mérida), portuario (Veracruz y Acapulco) y económico a través de la minería (Guanajuato, Pachuca, Zacatecas, San Luis Potosí y Taxco). Básicamente el sistema urbano solo distinguía una base de recolección de piedras preciosas de las ciudades mineras que ligaban a la ciudad de México y Veracruz, y un sistema complementario dedicado al comercio, dada la coyuntura política española de recolección de recursos para sostener sus actividades militares en Europa.

WP_20160827_11_16_23_Rich_LI.jpg

Para la última etapa de desarrollo urbano colonial, Unikel distingue tres tendencias de evolución de los centros poblados, la primera se refiere a las ciudades que dominaban zonas de baja presencia de competencia como la Ciudad de México, Guadalajara, Oaxaca y Puebla, en el cual no destacaba alguna notoriamente en jerarquía; la segunda lo integran ciudades de importancia similar dentro de una misma región como Orizaba y Córdoba; y la tercera se refiere al desarrollo regional de ciudades de influencia comercial rodeadas por centros urbanos de menor tamaño como son las ciudades del Bajío.[3] A principios del siglo XVII con la caída en la producción de metales, los Hasburgos vendieron tierra que trajo consigo grandes latifundios en manos de encomenderos criollos, particulares y la iglesia. Durante la llegada de los Borbones en 1712 implantaron en la Nueva España la apertura de relaciones comerciales entre las colonias, favoreciendo principalmente a la agricultura, de tal forma que el auge de Guanajuato provocó la producción agrícola en el bajío y en un caso aislado Puebla funge como un centro de producción textil.[4] Hasta este momento las ciudades en México se distinguían en cuatro principales regiones: La región del Centro dominada por la Ciudad de México; La región Norte Minera, liderado por Zacatecas, Durango y Chihuahua (como subsistemas comerciales) con funciones administrativas en Monterrey y Guadalajara; la región del Sureste administrada en Mérida; y Región Sur, administrada por Oaxaca como centro y Tehuantepéc como paso hacia Centroamérica,

Durante el siglo XIX, el país sufre de constantes guerras, movilizaciones, migraciones y acontecimientos que debilitaron la presencia económica en las ciudades. Durante la Independencia de México el sistema sufrió una inesperada desintegración, producto de las rebeliones y los ataques hacia las principales rutas de comercio, el cual desequilibra el sistema urbano haciendo surgir nuevas rutas y nuevos puertos. Ejemplo de esto es el crecimiento y consolidación de las ciudades de San Luis Potosí, Guadalajara (que captó el poder y la oferta de bienes que dejaba Guanajuato), Mérida y el puerto de Tampico, que crecen debido al vacío administrativo de la región centro; o el caso de las ciudades en la frontera norte que abastecieron los insumos de las guerras estadounidenses.

WP_20160730_21_31_11_Rich_LI.jpg

Juárez realiza su reforma agraria en 1857 a través de la ley de desamortización de los bienes del Clero, que afectó a los grandes latifundios de la antigüedad, como también a las comunidades indígenas, aunque trascendió más tarde en el traslado de dominio de estas tierras a la propiedad privada, a través de diversos acontecimientos históricos que no se abundarán en esta investigación. Al terminar el siglo XIX con una población que ya superaba los 13 millones de habitantes,[5] se distingue una fuerte apertura de México al exterior, con presencia de inversión extranjera, estabilidad política y una importante expansión del sistema de transporte. A comienzos de siglo XX, México contaba con una población urbana en 10.4% del total de la población, (Garza, 1990).

Porfirio Díaz, al insertar a México en el contexto internacional, logró establecer un periodo de estabilidad social y seguridad, que le permitió al país el establecimiento de actividades económicas y apertura a la inversión extranjera, que obligó al Estado a proporcionar condiciones de desarrollo con nuevas vías de comunicación, obras nuevas y la cobertura de fuentes de energía. El crecimiento económico fomentó la consolidación de actividades agrícolas, la importación de la producción minera, un importante auge petrolero en Veracruz y Tamaulipas, inversiones para la construcción de canales y presas en la región del noreste, consolidando la movilidad con nuevas rutas de transporte. El Estado otorgó las condiciones de infraestructura que necesitaba el país. La introducción del ferrocarril modifica el sistema urbano al consolidar nuevamente a la Ciudad de México, Guadalajara, Aguascalientes y Veracruz con la red regional de ciudades al norte de México (como Torreón por su aprovechamiento de producción de Algodón), aunque ello debilitara a las ciudades del pacífico y propiciara inequidades regionales. Sin embargo el crecimiento económico también se vio reflejado en el auge carretero después de la introducción de automóviles de los años veintes, cuando se consolidaron las principales vías de comunicación de las más importantes regiones del país. En este contexto, Porfirio Díaz, devuelve a la iglesia las tierras que Juárez les desamortizó, y promulgó nuevas leyes para el deslinde de tierras desocupadas, que repercutió en nuevos asentamientos, aunque también derivó en nuevos despojos y originó nuevos latifundios, Greene (1971).

Más tarde en la Revolución se produce una intensa movilidad social y un decrecimiento de la población,[6] que consolidó la importancia militar en las ciudades del norte, creando nuevos latifundios producto del reparto de tierras, ya sea por amnistía o repartos agrarios. Sin abundar en la fase armada, comenzó un periodo de reformas e institucionalización que se extiende hasta 1940, siendo relevante la participación de Carranza en la Constitución de 1917 al realizar una reforma agraria de reparto de tierras, que mas tarde retoma Obregón y Calles, pero la más importante fue la de Cárdenas al repartir casi el 10% del territorio nacional entre 1935-1940.[7] Al término de la lucha armada revolucionaria, el país contaba con 14.3 millones de habitantes para 1921 y el 14.7% ya habitaba en ciudades, (Garza, 1990).

En consecuencia del decrecimiento poblacional de la última década, fue promulgada la primera Ley de Población en 1936, en la cual promovía la reproducción de familias numerosas como fuerza de trabajo en el contexto del nacionalismo revolucionario, que provocó el poblamiento en localidades donde los recursos humanos eran escasos, principalmente en la manufactura y producción de insumos. Producto de la Segunda Guerra Mundial, existió una demanda externa de productos industrializados que en México modificó la estructura de las exportaciones hasta este momento, mediante el abastecimiento de insumos a Estados Unidos, principalmente en ciudades industriales del norte del país. A partir de la década de 1940 se presenta un incremento acelerado de industrialización (6 a 7% anual medio. Alba, Francisco., 1977) producto de una abundante mano de obra rural que comienza a migrar a las ciudades, y un continuo proceso de acumulación de capital que hizo selectiva la aplicación de políticas de Estado para reforzar aquellas ciudades con potencial de actividades industriales mediante la construcción de infraestructura y equipamiento.

WP_20160708_13_16_23_Rich.jpg

Para el último periodo de estudio comprendido entre 1940-1970, se presenta la etapa de crecimiento urbano acelerado en nuestro país, que se caracteriza por la migración hacia las principales ciudades del sistema urbano producto de la industrialización incipiente, en la cual las políticas poblacionales y económicas en el panorama urbano regional se reflejan en migraciones del campo a la ciudad. La constante consolidación del mercado interno de nuestro país, repercutiendo en una alta concentración de actividad económica y administrativa en la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, se presentan los principales movimientos migratorios. Después de los años cincuentas, el sistema urbano se fue consolidando a través de detonadores económicos para el desarrollo de comercio petrolero, aparición de maquiladoras, parques industriales y desarrollos turísticos en todo el país. Garza (1990) refiere que para 1940 la población urbana era de 20% de la población total, y para 1960 alcanzaría un 41.2%, movimientos migratorios masivos y un crecimiento acelerado de la población que se manifestaba en fuerza de trabajo de las actividades terciarias.

El suelo en esta coyuntura era un factor restrictivo porque el ejido era indivisible e inalienable. Entre los efectos de la aglomeración producida y el desarrollo inmobiliario, se produjeron flujos migratorios en masa hacia las zonas urbanas que ocasionaron ocupaciones irregulares del suelo, lotificaciones de promotores inmobiliarios y presiones sociales que acrecentaban el déficit de vivienda. Consecuentemente el crecimiento de las principales ciudades mexicanas por aglomeración fue condicionada por la invasión e incorporación forzada al desarrollo productivo, dado que las grandes extensiones de tierra limitaban el desarrollo de nuevos asentamientos, siendo los promotores inmobiliarios quienes comenzaron a buscar los terrenos baratos en zonas periféricas de las grandes ciudades. Fue necesaria la institucionalización de la planeación del Desarrollo Urbano en México, que hasta el momento sólo se daba por incorporación en comodato, siendo excluyente la regularización de la tenencia de la tierra, la incorporación de terrenos ejidales al suelo urbano e incluir a los desarrolladores inmobiliarios en la legalidad; estableciendo reglas claras para los nuevos y actuales asentamientos humanos. A partir de esta coyuntura los desarrolladores inmobiliarios surgidos desde los años sesentas tuvieron un auge durante los años noventas hasta en actualidad.

Resumiendo, durante la primera década del siglo XX vivían en localidades rurales poco más de siete de cada diez mexicanos, de tal forma que para los años setentas el país dejó de ser predominantemente rural, y en 1970, el 59% de la población habitaba en zonas urbanas; como consecuencia, se estima que en 1995 sólo el 27% de la población vivía en localidades de menos de 2,500 habitantes.[8] Para entender la magnitud de este crecimiento que trascendió en conurbaciones no planeadas e intensa producción de vivienda, puede mencionarse que tan solo entre 1930 y 1990 la población pasó de 16.5 a 81.2 millones de personas; siendo esta última cifra casi 5 veces la primera.[9]

 

wp_20160730_21_05_08_rich_li

[1] Unikel, Luis. El desarrollo urbano de México. El Colegio de México. 1978. p. 18.

[2] Alba, Francisco en “La Población de México: evolución y Dilemas”. El Colegio de México. 1977. pp. 11-12. La magnitud de la población indígena ha sido motivo de diversas estimaciones que van desde 4.5-25 millones de habitantes hacia 1518.

[3] Unikel, Luis. El desarrollo urbano de México. El Colegio de México. 1978. pp. 21-22.

[4] Greene Castillo, Fernando. Migraciones al Área Metropolitana de la Ciudad de México. Tesis. UNAM. 1977. p. 11.

[5] Alba, Francisco en “La Población de México: evolución y Dilemas”. El Colegio de México. 1977. p. 17.

[6] Se estima que el número de habitantes en 1921 era de 14.3 millones de habitantes, número inferior al de 1910 que fue de 15.1 millones. Alba, Francisco (1977).

[7] Greene (1971). El reparto fue de unas 20,000,000 Has para alrededor de 800,000 familias.

[8] Núñez Fernández, Leopoldo. “Los determinantes demográficos del crecimiento de la población rural y urbana. Desigualdad y ConcentraciónRevista Demos No. 11, El Colegio de México. 1998. pp. 6-7. Para 1900 el porcentaje de la población rural era de 71.4% en 1940, de 64.5%, en 1970 de 41.3%; y en 1995 de 26.5%. En Gustavo Garza (1990) sus cifras para la población urbana son de 20% en 1940, 41.2% en 1960, 56.2% en 1970 y 63.8% en 1988.

[9] Ordorica, Manuel. “Cambias en la estructura por edad de la población”. Revista Demos No. 10, El Colegio de México. 1997. p. 8.

Publicado por elihudiaz

Diseñamos en diferentes escalas, conceptos y rangos en diversos giros entre los que destaca el rubro habitacional, comercial y de servicios, desde pequeñas remodelaciones, proyectos plurifamiliares hasta proyectos urbanos.

Un comentario en “La fundación de ciudades en México

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: