El papel del Estado en la planeación urbana

El mundo se ha dividido en sociedades estatales en la historia de la humanidad, y le corresponde a la Ciencia Política estudiar al Estado como un objeto supremo y esencial en todas las obras del pensamiento humano. El Estado es un sistema inmerso en la sociedad encargado de dirigir y controlar actividades del conjunto social, normador de la vida colectiva bajo un poder establecido sobre una población que habita una determinada circunscripción geográfica.[1] Cabrera Becerra (1988) define al Estado como una instancia de poder, producto del desarrollo histórico y emanado de la exigencia de preservar el funcionamiento y reproducción de las condiciones tanto objetivas como subjetivas que más convienen a los intereses de los grupos o sectores hegemónicos de determinada sociedad, ello en oposición a su consideración como una instancia reguladora y conciliadora de las contradicciones sociales.[2]

Su papel ha evolucionado a lo largo del tiempo en diferentes manifestaciones regionales, debido a sus constantes visiones del contexto generacional, al desarrollo de nuevas tecnologías, a la integración mundial, la globalización y a las diferentes necesidades específicas de los países. Existen abundantes investigaciones que refieren el papel del Estado desde una visión económica, en el cual basan sus experiencias en las economías de mercado, analizando las funciones de las instituciones traducidas en la eficiencia del sector público. Si éste permite que el Estado cumpla sus metas en forma eficiente y bien lograda, puede decirse que el sector público es de alta calidad; y un sector público eficiente es capaz de realizar sus objetivos con menor grado de distorsión del mercado, con la menor carga posible de tributación para los habitantes, con el menor número de empleados públicos y con la menor absorción de recursos económicos por el sector público. Al respecto, se puede resumir el papel del Estado en una economía de mercado de la siguiente forma:

  • Debe establecer y hacer cumplir reglas formales en la economía, entre ellas las que se refieren a la obligatoriedad de los contratos y la protección de los derechos de propiedad, así como también las reglas que rigen la exacción y el uso de los ingresos fiscales;
  • Debe erigir un marco jurídico y reglamentario que reduzca los costos de las transacciones —es decir, el costo de tratar con otros individuos en asuntos económicos— y debe promover la eficiencia del mercado (a través de una intervención estratégica cuando éste entre en falencia o mediante la producción de informaciones esenciales);
  • Debe proveer bienes de uso público y remediar casos evidentes de externalidades que no pueden ser resueltas por la negociación entre los intereses privados;
  • Debe promover la estabilización macroeconómica, y
  • Debe promover una distribución del ingreso concordante con la opinión vigente de la sociedad.[3]

El Estado se manifiesta como la formación típica que estabiliza un poder, el cual se impone sobre una colectividad dada, cuya extensión y características quedan definidas por dicho poder. El Estado se conforma por instituciones al mando de sus respectivas autoridades, que le aportan unidad a un conglomerado de fuerzas que rige la organización social, formando un sistema. A su vez, la Autoridad es una manifestación del poder que representa una capacidad potencial, en virtud del cual el hombre asume un determinado comportamiento que le sirve de modelo ejemplar;[4] que en las Instituciones fungen como organismos que asumen dicha responsabilidad en unidad. Este último concepto es excluyente para la lograr la organización social, condicionante para el buen funcionamiento del Estado como sistema, caracterizado por una propiedad que no puede dividirse, que implica singularidad en número y hace referencia a una conformidad. Para efectos de esta investigación, se mencionará al Estado como el Gobierno y su conjunto de instituciones que tienen el mando en el proceso de urbanización y las políticas urbano-regionales, definiéndolo como el rector de todos los acontecimientos humanos en nuestra organización territorial.

En el Urbanismo interesa definir el Estado por su papel rector de la planificación durante los procesos del Desarrollo Urbano, reconociéndolo como la forma de organización social en el territorio quien toma y administra recursos del conjunto social para satisfacer necesidades colectivas. Siendo este poder el que se impone a todos los de más que se dan dentro del marco territorial el que domina, han estimado muchos autores que es justamente esa unidad territorial-poblacional delimitada por la capacidad del poder que lo gobierna, el objeto de estudio de la ciencia política. (Andrade Sánchez, Eduardo. 1990).[5] De acuerdo a lo anterior, el escenario del Estado parte de una organización política en un territorio (a pesar de que no abarque su propia definición sus formas históricas anteriores) que orienta más al estudio de las instituciones formales que al comportamiento de los individuos como una Unidad.

Es interesante identificar la fortaleza política como patrón histórico del Estado en el Desarrollo Urbano mexicano desde la fundación de ciudades prehispánicas hasta los procesos de urbanización recientes, caracterizado por los periodos donde existió el principio de Unidad Nacional. La elección del sitio de los asentamientos humanos precolombinos sólo se logró mediante la unidad y la organización social con un fin común; tal es el caso del establecimiento de los centros ceremoniales en La Venta (Tabasco), Teotihuacan (México), Tula (Hidalgo), y la más importante en Tenochtitlan (Valle de México) en la cual se identificó bajo una deidad con un fin político.[6] El éxito de estos asentamientos (si bien se justificaron por cuestiones de orden religioso) se giró en torno a un objetivo económico que les generó recursos para su propia subsistencia, pero sólo fue posible mediante una fuerte organización política y social que va más allá del concepto de dominación; sino de coincidencias colectivas y objetivos comunes. A partir del México Independiente el Estado buscó la Unidad Nacional.[7] La historia ha demostrado cómo llegan nuevas generaciones a tomar el control político en una coyuntura particular, desarrollando sus políticas con la finalidad de establecer unidad para fortalecer sus instituciones, a fin de consolidar su régimen administrativo y definir la rectoría del país hacia objetivos comunes.

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El papel del Estado se ha interpretado como un árbitro, sin embargo no está al margen de la sociedad, pues su propia autonomía (condicionada por el grado de democratización en su respectiva coyuntura) y las fuerzas que influyen en él, no lo vuelven imparcial, reconociendo sus propios intereses por objetivos específicos, de ahí que exista un enfrentamiento natural entre el Estado y el capital, en virtud de la capacidad económica de este último que se opondrá a toda intervención que le perjudique el primero, de tal forma que a mayor grado de democratización exista mayor fricción entre ambos. El poderío[8] del Estado puede llevar a ejercer la Planeación Urbana hacia modelos contundentes contra la voluntad de las minorías hacia un bien común; ejemplos de ello fue la reconstrucción de París (1852-1870) que emprendió Napoleón III (1808-1873) a través del Barón Haussmann (1809-1891);[9] y la política urbana de Porfirio Díaz (1830 -1915) en la construcción de Paseo de la Reforma, la construcción de infraestructura primaria (como el ferrocarril y carreteras), grandes equipamientos, y la urbanización de diversas zonas habitacionales del Valle de México.[10]

El Estado establece una serie de reglamentos, leyes e instituciones que conforman el sector público. Se ha estudiado su papel en dos vertientes que interesan al análisis; hacia la eficiencia del sector (desde el punto de vista económico) y a su papel como eje rector del poder político. Como se señaló en el capítulo anterior, el comienzo de la institucionalización de la planeación del Desarrollo Urbano, se transforma dejando atrás la política centralista de decisiones autónomas para organizar gobiernos de instituciones capaces de llevar a cabo decisiones programáticas con vigencias de largo plazo. Con el paso del tiempo las acciones de gobierno han originado el sector público, que es el campo de acción del Estado y sus instituciones; siendo la calidad del sector público medida de acuerdo a su desempeño. Mientras más alta sea la calidad de este sector, más fácil le será cumplir su cometido.[11] Cuando se menciona la eficiencia del sector público, el discurso comúnmente debilita al Estado ante su competitividad y capacidad de regular al capital.

Con la globalización surge el término de gobernabilidad, como capacidad del Estado para concretar su toma de decisiones de forma autónoma, siendo la planeación urbano-regional una parte de este proceso. Su organización cambia de paradigmas y adquiere nuevos retos ante su debilitamiento, cuando los individuos toman partido y se divide en fracciones que comparten intereses comunes, transformándose en procesos altamente politizados de negociación y mediación entre múltiples actores, a los que algunas veces se refieren colectivamente bajo la denominación de stakeholders.[12] Friedmann (1999) menciona cuatro dimensiones que deben ser vistas juntas (en unidad); la planeación económica (donde las ciudades mundiales empiezan a actuar cada vez más como ciudades-estados), físicas (que corresponden al aspecto espacial), planeación socio-cultural o planeación para la sustentabilidad social, y la planeación ambiental.[13]

En consecuencia, el actual papel del Estado está ligado a las siguientes responsabilidades generales:

  • Regulación territorial.
  • Preservar el bienestar de los individuos que componen la organización social.
  • Regulación económica.[14]
  • Regulación del mercado.
  • Crear Instituciones e instrumentar su participación mediante reglamentos.
  • Proporcionar la información esencial a la población.
  • Proveer los bienes públicos con equidad.
  • Apropiarse de los recursos para fines de utilidad pública.

Podemos concluir que el Estado mexicano desarrolló su definición propia en dos etapas; la primera desde 1910 que originó la lucha armada de la Revolución destacando el movimiento constitucionalista en Aguascalientes por Carranza, y segundo; hasta 1940 con la liquidación de los movimientos populares, la licenciación de tropas, y aquellos procesos donde se incorporan reformas sociales para consolidar el poder, que mas tarde originó la institucionalización del país en periodos de paz.

Manuel Elihú Díaz Bautista

Arquitecto, Maestro en Urbanismo

@manuelelihudiaz

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[1] Andrade Sánchez, Eduardo. La intervención del Estado en la economía. UNAM. México. 1986. p. 4.

[2] Cabrera Becerra, Virginia. Tesis: Políticas de planificación urbano regional y el Estado en México: 1940-1976. UNAM. México. 1988. p. 4.

[3] Tanzi, Vito. El papel del Estado y la calidad del sector público. En: Revista de la CEPAL Número 71. Agosto de 2000. p. 9.

[4] Andrade Sánchez, Eduardo. Introducción a la Ciencia Política. Colección Textos Jurídicos. Editorial Harla. México. 1990. p. 12.

[5] Ibídem. p. 64.

[6] Se ha escrito en demasía acerca del mito del águila devorando a una serpiente aposentada en un nopal predicada por Huitzilopochtli, Dios Chichimeca; sin embargo también se ha referido que la identificación del sitio tuvo una estrategia socio-política, comercial y militar; producto del destierro del reino de Chapultepéc hacia el islote central del Lago de Texcoco, que fungió como centro de distribución de mercancías entre los 7 reinos nahuas y lugar estratégico de control militar Chichimeca en su papel mercenario, por encima de su propia justificación religiosa.

[7] Unidad no siempre lograda. Desde los Aztecas, el bajo perfil de nuestra organización política y su corta visión de Estado facilitó la invasión Española; y al igual que el México Independiente, esa misma falta de unidad facilitó las invasiones internacionales, caracterizando guerras civiles hasta el mandato de Porfirio Díaz cuando existió estabilidad política, y posteriormente hasta después del primer periodo de la revolución, cuando nuestra nación se perfiló hacia un Estado, aún en el conflicto constitucionalista Carranza (en medio de una crisis política por la falta de unidad política y militar) logra la Constitución de 1917.

[8] Andrade Sánchez (1990) define cuatro formas de poder; el poderío, el mando, la influencia y la autoridad. El poderío es una forma de poder que se caracteriza por la capacidad del agente para actuar sobre la conducta de los demás y está basado en el uso de la fuerza.

[9] En París, grandes secciones de viviendas y vialidades fueron demolidas para la construcción de nuevas vías que modificaron radicalmente su traza, demostrando la eficiencia administrativa de Napoleón III través de un gobierno sin oposición, por el control político a través del poderío militar, la represión social y los triunfos en su política exterior; que generó mayores plusvalías y un diseño urbano que lo convierten en una de las ciudades más bellas del mundo.

[10] Durante el periodo de Porfirio Díaz (1876 – 1911), el Estado estaba compuesto por un gobierno centralizado capaz de tomar decisiones autónomas y mantener la estabilidad económica a través del desarrollo regional (aunque en diversas inequidades y contrastes sociales). Lo más relevante de este periodo es que estaba respaldado por una sólida economía en crecimiento y un importante control militar, que llegó a ser autoritario y antidemocrático.

[11] Tanzi, Vito. El papel del Estado y la calidad del sector público. En: Revista de la CEPAL Número 71. Agosto de 2000.

[12] Stakeholders es un término estadounidense que se refiere a agentes sociales que tienen algún tipo de interés en cierto sector o programa.

[13] Friedmann, John. El reto de la planeación en un mundo sin fronteras. Ciudades, Número 42, Abril-Junio de 1999. México. p. 5.

[14] Redistribución del ingreso, estabilización de la actividad económica y promoción del crecimiento económico y del empleo.

Publicado por elihudiaz

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